El auge de la cultura pop no ha dado lugar, como suele decirse, a una “indistinción entre Shakespeare y los cómics”. La única persona en el mundo que cree eso es Alain Finkelkraut; ningún lector de cómics ha pensado jamás en esos términos. En cambio, el resultado ha sido una resituación de la jerarquía alto/bajo en el marco de la cultura pop. Existe, en efecto, una “alta cultura pop”, con una pátina respetable, y una “baja cultura pop”. Una parte de esa distinción es admisible y aun saludable: un aficionado al arte bienhumorado puede reconocer que Jeff Koons es un tipo gracioso, pero difícilmente lo pondrá por encima de Mike Kelley. Pero la cuestión aquí no es cómo se establece esa distinción subjetivamente, sino cómo se objetiva en el mercado. Andreas Huyssen creía que esa diferencia se podía fijar sobre criterios de calidad objetiva; en nuestra época se ha hecho patente que el único criterio de distinción es el poder generacional. Los que acceden al poder cultural se ocupan de que “su cultura pop” –la que les corresponde por formación, por época, quizá por edad- sea presentada y empaquetada como cultura pop denotativa –y, en última instancia, como alta cultura. El pop es lo que le gusta a la generación inmediatamente posterior a aquella que acaba de ocupar el poder; lo demás, media mediante, es alta cultura. No de otra manera se explica que novelas sobre bingos o sobre telepenas de amas de casa que van al programa de Jesús Hermida se consideren parte del sistema literario respetable, mientras que narraciones ensayísticas sobre teorías posmodernas de la fotografía se describan como “joven literatura audiovisual emergente”.
Eloy Fernández Porta, Afterpop: La literatura de la implosión mediática (Berenice, Córdoba, 2006)
Eloy Fernández Porta, Afterpop: La literatura de la implosión mediática (Berenice, Córdoba, 2006)
1 comentario:
Yo citaría al Señor Lobo de Pulp fiction en muchas de los debates sobre alta y baja cultura pop...
Aunque quizá esté demodé...
p.d: Cuando haces pop ya no hay stop.
p.d2: Tanto americanismo y tanto colorín.
Publicar un comentario